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22 noviembre, 2012

LA OBSCENA CODICIA DE LA CLASE POLÍTICA CORRENTINA

HOY: Nuestra patética “dama de hierro”

Dice el diccionario que la codicia es un pecado capital, un vicio. Un deseo que sobrepasa los límites de lo ordinario o lícito.

Este es el caso de la anciana Josefina Meabe, que sino fuera una cruel reflejo de la “calidad moral” de nuestra dirigencia podría ser calificada de una  patética  muestra de los extremos a los que puede llegar la abyección humana.

Pero no es un extremo, es un estándar que define la naturaleza de la mayoría de los representantes políticos que administran los bienes públicos correntinos.

Representantes que compiten en inmoralidad, perversión, prontuarios y delitos que por su flagrancia y evidencia los hacen desfilar por los débiles tribunales locales una y otra vez en causas, de incumplimiento de sus deberes, peculado, enriquecimiento ilícito etc., etc., etc.

Por el control feudal que tienen desde siempre las clases sociales que se han apoderado desde hace mas de cuatro siglos de los resortes del poder de nuestra provincia, sus excesos no son condenados, lo que los obligaría a habitar masivamente las cárceles públicas.

Ahora, una noticia confirma una vez más que la legisladora además de su salario en el Congreso, pretende seguir percibiendo una grosera jubilación de $50 mil por haber sido diputada provincial.  Su petición fue denegada en su momento por un dictamen de primera instancia que no dio curso al amparo que promovió buscando mantener el cobro de los dos haberes. Si la anciana codiciosa hubiera conseguido el aval judicial,sus incompatibles sueldos sumarían mas de 83 mil pesos mensuales.

Nuestra patética “dama de hierro” correntina es una de las ganaderas fuertes de la provincia, y entre los delitos impunes que comete esta el de tener arroceras ilegales en los Esteros del Iberá.

La grosera pretensión de Meabe desnuda su codicia pero también la impunidad para robar que desde siempre tienen quienes administran la cosa pública provincial.

Pero nuevos vientos están soplando y las Josefinas, los Tatos y los Pochos y el resto de la interminable lista de los corruptos de nuestro querido Taragüí deberán ir acomodando sus pilchas porque la justicia a veces tarda pero siempre llega, sino lo creen que vean el procesamiento de Carlos Blaquier por los crímenes cometidos en el Ingenio Ledesma.